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Crónica de Magaly Zapata
Valor y pundonor en una tarde dura
Se cumplió la cuarta corrida de toros del abono del Señor de los Milagros y
aunque los diestros no consiguieron cortar trofeos, sí resultó una tarde de
trámite interesante pues en diversos grados los coletas pudieron sortear y
vencer las complicaciones de los astados de los tres hierros jugados en el
ruedo de Acho, estando en casi todos los casos por encima de las condiciones
de sus oponentes. Vicente Barrera entregado en sus dos toros, malogró con los
aceros acaso una puerta grande; César Jiménez, pudo haber cortado trofeos de
no fallar con la espada y el peruano Aníbal Vásquez cumplió aseadamente su
confirmación. De los toros, destacó el lidiado segundo de Los Martínez, por su
buen pitón derecho.
Vicente Barrera volvía a Lima para cumplir su segundo compromiso ferial y
nuevamente surgió esa rápida conexión entre público y torero desde que se pasó
a su primero por estatuarios que encendieron el jaleo de los tendidos. Si bien
aquel de Los Martínez tenía recorrido por el derecho y humillaba, no tenía
fijeza; Barrera lo entendió y supo tirar de él en muletazos que tuvieron mucho
temple y enjundia, además de un aspecto fundamental en la faena: la ligazón de
las series en un palmo de terreno. Lo intentó con la zurda pero el animal se
descompuso más, se lo echó a los lomos sin consecuencias y luego del pinchazo
en alto siguió una estocada traserilla y desprendida que diluyó la posibilidad
de recibir trofeo.
Con el cuarto, un animal de Marrón que resultó brusco y de corto recorrido,
Barrera se jugó el tipo a base domeñar su violencia con temple y firmeza de
manos y pies. El animal se raja y los naturales se dieron hacia querencia de
tablas, muy ceñidos, volvió a ser cogido sin consecuencias; sin mirarse
instrumenta unas manoletinas de rodillas y vuelve a encender la emoción en el
público, volvió a ser trompicado y sale rota la taleguilla. Entra a matar y lo
que pudo haber sido otra faena de trofeo se malogró con varios pinchazos,
alguno hondo, y media estocada que le obligan a descabellar, demora y le tocan
dos avisos.
Difícil compromiso tenía esta tarde el compatriota Aníbal Vásquez, en su
primero que mostró sosería de inicio y mantuvo su condición en la muleta,
Aníbal no encontró la distancia correcta para conseguir ligazón de las series
sin perder pasos, por lo que cierto sector del público impaciente le protestó.
Sin embargo, es menester dejar constancia de algunos buenos derechazos que
instrumentó el norteño, con empaque, gusto y mano baja. Por el otro pitón el
animal se vencía y no hay historia. Tras un pinchazo hondo deja casi entera la
espada pero desprendida. En el quinto, ofrece variedad luego de lancear, quita
por navarras y ante la justeza de fuerzas del animal, Aníbal no encuentra la
distancia para provocar las embestidas, luego el toro se viene a menos y a un
metisaca le siguen varios pinchazos y un certero descabello que dejan su
resultado en silencio.
César Jiménez demostró una vez más estar por encima de las condiciones de sus
dos toros, lamentablemente tampoco pudo obtener trofeos. Su primero fue uno de
José Marrón desentendido de la pelea, incluso huyó del caballo, y llegó a la
muleta pegando derrotes y con la embestida descompuesta además de corta. A
pesar de ello, consiguió meterlo en su muleta retrasada, aguantando las
tarascadas con su firme temple de muñeca, lamentablemente la espada se le fue
a los bajos. Con el que cerró festejo, tampoco la tuvo fácil pues el de Los
Martínez no humillaba y buscaba tablas, además de venir descompuesto, pero
Jiménez salió a revienta calderas y sacó raza para plantar pelea primero de
rodillas por alto y en derechazos templados para luego someterlo y sujetarle
su huida, con un toreo ajustado, ligado y templado, incluso gustándose en
algunos trazos. Cuando el público ya estaba entregado fue prendido y
zarandeado, rodó por la arena y sin mirarse volvió como un jabato a la cara
del toro para con –parsimonia y relajo- dejar acaso la mejor serie por
derecha. Dos trincherazos en la faena fueron de cartel. Al entrar a matar
recibe un derrote y un fuerte encontronazo con el burel hacen que salga
visiblemente conmocionado, lo ayudan a reincorporarse, y deja otra desprendida
que le obliga a descabellar. Rompe su continuidad de puertas grandes y
abandona la plaza por la enfermería donde lo revisaron de un puntazo corrido
en el muslo izquierdo y otro por la espalda, sin mayores consecuencias.
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