RESEÑAS Y CRONICAS DEL X ANIVERSARIO

25 DE JULIO DE 2004

La fe de Barrera acabó franqueándole la puerta grande
Cortó dos orejas en el compromiso más difícil de su carrera

JOSÉ LUIS BENLLOCH (VALENCIA)


Un ejercicio de fe en si mismo le permitía a Vicente Barrera salvar una tarde de máximo compromiso, que por dos veces consecutivas se le había puesto muy cuesta arriba.

En las dos ocasiones en las que parecía fallarle el fondo físico y las ideas, en los toros tecero y sexto, el valenciano, amparado por su buena estrella, pero también por su capacidad –tantas veces demostrada para salir de los atolladeros– levantó el vuelo, cuajó lo mejor de su actuación, cortó una oreja de cada uno de esos dos toros, la del sexto, en verdad muy benevolente y acabó saliendo a hombros y salvando el compromiso.

La primera oreja de la tarde se la cortó a un toro de Zalduendo, que manseó de salida, amagó con irse a chiqueros, pero una decisión que a la larga sería crucial cambió radicalmente el comportamiento del toro.

Tiró Vicente del de Zalduendo al tercio contrario y de pronto surgió el buen fondo del toro y el mejor Barrera. Fue una faena distinguida, de buen gusto, de corte vertical sobre las dos manos y en un palmo de terreno. El giro sobre los talones y el dejar siempre la muleta puesta fue la fórmula perfecta. Vicente acababa de salvar el primer momento crítico de su tarde.

En ese toro unas voces la mar de desatinadas pidiendo el indulto estuvieron apunto de desconcentrar al diestro e interrumpir el climax emotivo que había generado Vicente. Afortunadamente no fue así y una buena estocada del valenciano puso en sus manos la primera oreja de la tarde.

El otro momento importante de Barrera llegó en el sexto, ya acusaba abiertamente el cansancio. El escaso juego de los toros de Puerto de San Lorenzo y Santiago Domecq le habían rebajado a la vista de todos la moral y aún así Vicente hizo el esfuerzo, le hizo un quite al noble murube de Capea y echó las rodillas al suelo para arrancar una faena cargada de buenas intenciones que le permitió coger por lospelos un triunfo que se le escapaba entre las últimas luces de la tarde.

La buena disposición de un público fiel que siempre le animó en los momentos claves puso el resto para que Vicente acabase abriendo la puerta grande.

El resto de la corrida del décimo aniversario de Vicente tuvo poca historia y poco lucimiento. Le estrenaron un pasodoble a doña Lola Boluda, barrerista de pro. El presidente Giner entregó una placa al matador, algún aficionado protestó, pero eso debe ser letra pequeña en la historia del matador valenciano. Por
JOSÉ LUIS BENLLOCH/ VALENCIA

Vicente Barrera salva su gesto en Valencia 'in extremis'

                                               (Agencia EFE) El Mundo

VALENCIA.- Dos orejas, que pudieron ser cuatro si anda más fino con los aceros, fue el balance de Vicente Barrera en su encerrona con seis toros en su tierra, un gesto programado para celebrar el décimo aniversario de su alternativa.

Ganadería: Toros de diferentes ganaderías, por orden de salida: "Zalduendo" -primero y tercero-, "Puerto de San Lorenzo", Santiago Domecq y Pedro y Verónica Gutiérrez. Todos desiguales de presencia, chicos y manejables los dos primeros, más aparentes el resto y cuatro de ellos muy toreables. Los únicos que no sirvieron fueron cuarto y quinto. El tercero, un toro con mucha clase y que duró mucho.
Vicente Barrrera: estocada (ovación); pinchazo, media atravesada y estocada (silencio tras un aviso); estocada y tres descabellos (una oreja tras un aviso); dos pinchazos (silencio tras un aviso); media atravesada que escupe, media tendida y estocada corta (silencio); y pinchazo hondo tendido y estocada (una oreja).
Incidencias: Valentín Cuevas saludó tras banderillear al cuarto. La plaza registró media entrada en tarde de calor soportable.
Una apuesta demasiado fuerte, aunque la efeméride valía la pena. Barrera quiso celebrar su décimo aniversario de alternativa matando nada menos que seis toros, su primera encerrona en todo este tiempo. Las apuestas aventuraban toda clase de resultados, y hasta el mismo Barrera se anduvo con mucha cautela a la ahora de adivinar lo que podría dar de si su gesto.

El tercero, segundo "zalduendo" del festejo, fue toro de ensueño, aunque en el caballo no dio de si lo suficiente. Barrera venía seguramente "arreado" por algún consejo de entrebarreras, que le debió advertir de las consecuencias que podría tener si no apretaba en ese momento de la corrida. Y la respuesta no pudo ser más contundente: dos largas de rodillas en el tercio, unos lances a la verónica de mucho empaque y el remate otra vez de hinojos con larga cambiada.
El toro de los 100 pases
El toro cumplió en el caballo, pero repuchándose, un dato que se iba a tener en cuenta al final de la faena, cuando parte de la plaza llegó a pedir el indulto. Y es que el "zalduendo" se tragó cien pases, cien. Un Barrera muy cambiado, o en todo caso el Barrera de las grandes tardes, tomando el toro muy en corto, llevándoselo siempre hacia adentro y jugando la cintura. Muletazos muy seguidos, prácticamente no había terminado uno cuando ya estaba otro en marcha o por la mitad. Así en series cada vez más largas.

La faena tomó ambiente enseguida, y yendo constantemente a más. Muy resuelto, muy seguro, muy capaz, Barrera ligó y sobre todo improvisó con molinetes sobre la marcha, otros molinetes invertidos, los pases de trinchera y los de pecho. Fue faena de altura y hartura por la calidad y cantidad, en la que disfrutaron todos: el mismo toro, el torero y no se diga el público.

Explosión final en unos circulares por delante y por detrás, el rodillazo y el grito quizás estudiado del tendido para pedir el indulto del toro. Barrera se volvió al presidente cuando montaba la espada, pero el gesto fue determinante: había que matar. La verdad es que el animal no era de indulto porque le faltó nota en varas.
La pena es que a pesar de meter la espada a la primera necesitó de tres descabellos, dando tiempo al aviso y esfumándose la posibilidad del doble trofeo. Paseó una oreja, el único trofeo de una tarde sin más relieve que el de esta faena.

Porque ya el toro cuarto, manso con ganas, se negó desde el principio. Barrera tuvo que abreviar, pero con dificultades para meter la espada, tanto que pese a no ensayar ni proyecto de faena dio tiempo a que sonara un aviso, echándose el toro después de dos pinchazos.

El quinto tampoco aportó nada, al contrario, provocó incluso cierto desorden en las cuadrillas, mal lidiado y peor banderilleado. Toro y torero se pusieron pronto a la defensiva y no hubo nada que hacer.
Y ya en la última oportunidad de la tarde, un buen toro de los hijos del "Niño de la Capea", Barrera apretó por fin el acelerador. De hecho salió a hacer el único quite de la tarde, por tafalleras, y abrió faena echando las dos rodillas a tierra.
Otra faena de dos orejas frustrada
De nuevo, como en el tercero, Barrera "se metió" mucho con el toro, con su estilo peculiar de pies juntos y giros cortos, con gracia y valor, pues aguantaba y tiraba en un palmo de terreno, donde se sucedieron las tandas fundamentales y las "alegrías" de los remates, otra vez los molinetes y trincherillas, los molinetes invertidos... hasta un "parón" y todo.
Otra faena de dos apéndices que se quedó solo en uno por el pinchazo previo a la estocada. Barrera cortó la oreja que le puso por fin en la Puerta Grande y certificando lo de "misión cumplida".  (Agencia EFE) El Mundo


Puerta grande en tono menor para Vicente Barrera, en la última de Valencia  (LA RAZON)

Los toros, de distintas ganaderías, dejaron vacante el escaño de la bravura


Valencia. Feria de San Jaime. Se lidiaron toros de distintas ganaderías: 1º y 3º, de Zalduendo, noble y deslucido aquél y manso que repitió éste; 2º, de Algarra, sin humillar y muy deslucido; 4º, de Puerto de San Lorenzo, descastadísimo; 5º, de Santiago Domecq, con dos garfios por pitones y genio, y, 6º, de El Capea, noble. Dos tercios de entrada. Vicente Barrera, de blanco y azabache, estocada caída (saludos); pinchazo, otro hondo, aviso, estocada caída (silencio); estocada, aviso, tres descabellos (oreja); dos pinchazos, aviso y el toro se echa (silencio); dos pinchazos hondos, más de media tendida (silencio); pinchazo, estocada caída (oreja).

Vicente Barrera, que se encerró con seis toros, cortó dos orejas ayer, en Valencia

ficha Valencia- Vicente Barrera quiso celebrar su décimo aniversario como matador de toros matando en solitario seis astados de distintas ganaderías. La fecha, la de ayer, día que marcaba esa efemérides en su trayectoria profesional. Los toros elegidos llevaron las divisas de Zalduendo, Luis Algarra, Puerto de San Lorenzo, Santiago Domecq y Niño de La Capea. Por presencia el ganado en conjunto puntuó poco, en ocasiones nada, caso del anovillado tercero, con el hierro de Zalduendo, del que el diestro valenciano paseó la primera oreja de la tarde.

Largas cambiadas. El animal cantó su mansedumbre cuando tocaron a picar; huyó de los petos y de los capotes sin fijeza alguna. Barrera lo había recibido de dos largas cambiadas de rodillas en el tercio para luego encadenar lances a la verónica, abriéndose a los medios, terrenos donde abrochó el saludo con otra larga de hinojos. En banderillas el de Zalduendo se dolió con descaro y nada más comenzar Vicente Barrera el trasteo muleteril quiso irse. El diestro tuvo el acierto de llevárselo a terrenos céntricos; allí supo imantarlo a la muleta en tandas de toreo en redondo en las que hubo tiempo para la improvisación y el adorno e intercalar alguna serie al natural que entendió rematar con tres pases de pecho. Sin duda, el que hubiera faena fue todo mérito del torero. Incomprensiblemente al manso lo aplaudieron camino del desolladero, en tanto que a Barrera, ya lo hemos dicho, le concedieron una oreja después de demorarse con el verduguillo.
El que abrió plaza también tenía el hierro de Zalduendo. Fue toro noble, berreón y blando con el que el valenciano cursó muleta en mano lo que se puede llamar un trámite.
El que hizo segundo, de Luis Algarra, lo brindó al público. Por estatuarios abrió el trasteo, pero el animal, que acudía a la tela con la cara alta, muy alta, deslució todo o casi todo cuanto el valenciano ensayaba.

Hacia los medios. De nuevo el escaño de la bravura quedó vacante en la lidia del cuarto, un ejemplar de Puerto de San Lorenzo, vareado de carnes 475 kilos, el que menos pesó de los seis , pero con respeto en la testuz, por astifino y ofensivo de cuerna. El toro no tuvo un pase; repito, ni un solo muletazo: primero se agarró al piso entre las rayas del tercio y después, cuando Barrera logró tirar de él hacia los medios del platillo, desparramó los lomos por el piso. El valenciano, hastiado por tanto descastamiento, optó por ir a buscar el acero, mas no atinó a la hora de enterrarlo en el hoyo de las agujas. Pinchó dos veces, escuchó un aviso y el animal se echó. El público pitó al morlaco cuando era arrastrado mientras que silenció al torero.
El que pisó plaza en quinto lugar llevó el hierro de Santiago Domecq. Castaño albardado, de 485 kilos, portaba dos garfios por pitones. Fue el ejemplar que más «respeto» dio. Vicente Barrera intentó recogerlo en la capa pero el burel prefirió huir de las telas. La verdad es que ayer vimos hacer pocas florituras de capote al torero valenciano. Cuando sonó el cambio de tercio, después del de banderillas, la cara del diestro no era ninguna alegría. A Barrera se le transparentaron las dudas y la desconfianza, se arrugó ante el astado y no fue capaz de enjaretarle un solo muletazo. Cierto que tampoco fue toro ese quinto para lucir suertes vistosas.

Noble. Cerró plaza un ejemplar de Capea que resultó el más noble de los lidiados. No anduvo sobrado de fuerzas, pero cumplió en varas y llegó a la muleta humillando aunque acabó, ante la falta de mando y acoplamiento del diestro, por salir con la cara alta. A Barrera le dieron una oreja, regalo de sus paisanos, que le hizo salir a hombros. Una puerta grande en tono menor. Por  Laura TENORIO (La Razón)
 

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