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Crónica de Magaly Zapata
TARDE DURA Y COMPLICADA
Fue el valenciano Vicente Barrera quien nuevamente se alzó
con un triunfo de puerta grande en la segunda corrida de toros de la feria,
festejo que sin embargo resultó deslucido por el juego que ofreció el ganado
mexicano de Real de Saltillo, que mostró mucho volumen óseo y peso acorde,
aunque en líneas generales fue falto de casta, complicado y duro para la
terna, algunos incluso con peligro.
Vicente Barrera volvió a Lima y cierto es que sorteó el lote menos áspero y
complicado de la tarde, aún así pasó un amargo trago. Su primero, violento y
que llegó a la muleta con corto recorrido y sin humillar, hace que instrumente
series cortas por ambas manos, con la virtud de ligar los muletazos aguantando
mucho y templando sus ásperas embestidas. Pasó a la enfermería para ser
atendido de un fuerte golpe en el pie izquierdo que le provocó una
impresionante hinchazón, aún así salió a matar al cuarto.
Mejor estuvo Barrera en su segundo, un manso noblote que al sentirse podido de
muleta, sometido, huía. Buscaba el refugio de las tablas, de ahí la
inteligencia de plantearle la pelea en su terreno, al hilo de tablas, para
conseguir ligazón y templanza en muletazos de trazo corto, con muleta
retrasada, pero con mucha conexión con los tendidos. La estocada fue
fulminante y Barrera pasó a cobrar dos orejas tras fuerte petición del
público, correspondida por la generosidad del juez de plaza.
David Fandila "El Fandi" no corrió con mucha suerte tampoco. Su primero fue un
animal que se vencía por ambos lados por lo que brega y lo trata de fijar. Con
los palos se luce en el que deja por los adentros y el del violín, que levanta
al público de los asientos. A la muleta llega sin recorrido el de Real y
aunque trata primero con la muleta en la zurda y luego por derecha, poca
historia tiene el asunto.
En el quinto, Fandi lancea y se luce aunque no lo obliga. En banderillas le
concede todas las ventajas al toro que es tardo y aprieta por ambos lados, no
mejora su condición en la muleta, pues hay que llegarle mucho y someterlo muy
tapado para embarcarlo y vaciar su embestida. De ahí que Fandila se jugara
auténticamente el tipo ante el peligro evidente del toro cuando se quedaba por
debajo, aún así le pudo. Fue una faena de "toma y daca" emborronada por los
reiterados intentos de descabello que evitaron el corte de algún trofeo.
También pasó a la enfermería para ser revisado por golpes tras ser arrollado
un par de veces.
El mexicano Antonio Bricio se presentaba como matador de toros, enfundado en
un berenjena y oro, cumplió la papeleta en su primero, un complicado cárdeno
claro que recostándose en los lances de recibo le impidió lucimiento. A la
muleta llegó con apenas recorrido por lo que poco pudo hacer.
Ante el que cerró la corrida, Bricio lanceó y se gustó, exponiendo, en unas
ceñidas gaoneras de quite, además de dejar los mejores muletazos de la tarde,
bien tomara la muleta por derecha como fuera también con la zocata. Faena que
bien se pudiera dividir en dos partes; la primera con un animal sin humillar y
sin entregarse, que pasaba con la cara alta y pegando un cabezazo al final del
trazo; y la segunda, metido ya en muleta, con un animal humillado pero que
debió tocársele en la suerte para conducirlo largo, atrás de la cadera.
Bricio lo entendió y de ahí que nos deleitara con su toreo de toques y
templando al difícil burel. Lástima que al no tener transmisión la labor
careció de eco en los tendidos. Aún así nos confirmó lo que la crítica
especializada decía de él esta temporada.
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